Memorias de una gallina

Memorias de una gallina

lunes, 19 de abril de 2010

Entrevista con el gato con botas


EL GATO CON BOTAS – ENTREVISTA

-¿De dónde eres?
Soy de aquí y de allá.

-¿A qué te dedicas?

Soy asesor de imagen, consejero de reinos y hábil comunicador social.

-¿Cuáles son tus habilidades?

Mentir como político, ser simpático y agradable como un cantante.

-¿Cuál es tu fortaleza?

Trabajo muy bien a presión. Soy visionario y autodidacta.

-¿Qué personas admiras?

Admiró a Robin Hood por su nobleza, a Ulises por ganarles a los dioses.

-Si tuvieras la oportunidad de participar en una obra teatral ¿qué papel te gustaría interpretar?

Me gustaría interpretar a Fausto. Porque es sabio y talentoso.

-¿Qué libros haz leído últimamente?

El ensayo sobre la ceguera de Saramago porque me permite analizar al ser humano.

Rincón de haikus de Mario Benedetti me gusta la sencillez, la brevedad y la imaginación de sus composiciones.

-¿Hay alguna actividad que te gustaría realizar?

Me gustaría aprender a bailar Huaylas y Caporales, ya que me ayudarían a ser más flexible, dinámico y estar siempre en forma.


jueves, 1 de abril de 2010

Carlita y su amigo Cameron


Ese día Carlita regreso del colegio a casa como de costumbre al llegar un pequeño animalito se puso frente a ella. Era como un gato jaspeado de mil colores, pero con orejas de conejo y ojos verdes, grandes como pelotas. Diríase un ser mágico como el de los cuentos que tanto le gustaban. Miro a todos los lados y en un arranque de valor extendió su mano para acariciarlo, cuando este gato-conejo le habló:

-Estoy perdido ¿tú me puedes ayudar?

Al principio ella abrió la boca como un buzón y pasada la sorpresa exclamó: ¡puedes hablar!
-Sí, -respondió él. ¿Me ayudas? –insistió el gato-conejo.
-Ya. Pero mis papás no deben verte. Vamos a mi habitación.

Allí empezó a contarle que se llamaba Cameron y que venía de una antigua civilización, donde las leyes rígidas le impulsaron a vivir esta aventura. Viajo por todo el mundo y se quedo aquí en Perú por el clima y su comida. Carlita muy atenta no cesaba de mirarlo y decir: ¡qué lindo! Cuando de pronto se escuchó la puerta: Su mamá ingresó y en ese momento Carlita con los ojos cerrados decía: mami es mi amigo Cameron.

¿Qué pasa cariño? Despierta, despierta. Carlita abrió los ojos y estos se posaron en su mamá y luego en su dibujo que hizo en el colegio de un gato- conejo.

jueves, 4 de marzo de 2010

La ratoncita Nina y el gato Israel


Cierto día la ratoncita Nina salió a pasear y no dudo en visitar la granja de don Braulio donde también vivía el gato Israel su eterno enemigo.

Al llegar allí un olor invadió su nariz y parecía invitarlo a entrar a la cocina. Así lo hizo y encontró la olla de sopa de papa con queso que lo cautivaba. Cuando se disponía ya a probarla, apareció el gato y se abalanzó sobre ella, ésta pudo esquivarlo. Entonces, empezó una persecución por todo el lugar y al verse pérdida Nina reposó en un jarrón. Mientras el gato ya saboreaba su victoria, dio un saltó y su cabeza quedó atascada en la vasija. Esa situación fue aprovechada por la ratoncita que huyó por la ventana.


La ratoncita se fue cantando por el camino: yo tengo buen diente, pero si el peligro está presente, debo huir, debo huir.

miércoles, 3 de febrero de 2010




EL PUENTE DEL DIABLO

Había una vez una anciana muy humilde, trabajadora, buena amiga, solidaria e inocente. Todos los días iba a traer agua con su mascota Michifuz pasando un largo puente de madera.

Pero un día el cielo amaneció de un gris extraño, las nubes se chocaban, los relámpagos encendían el cielo y aparecían el crack, los boom de los truenos, el agua crecía, crecía tanto que río y puente, puente y río empezaron una lucha salvaje y sin igual. Se sintió un gran ruido: el río se había llevado el puente.

Desde ese día la anciana tuvo que subir y bajar cerros con su gato. Un día estaba tan cansada y expresó a viva voz:

-¿Quién podrá construir un puente para este pobre anciana?
-Yo señora -dijo un hombre con cara horrorosa y cachos.
-Tú hijito, pero ¿qué debo hacer?
-Confiar en mí. ¿Aceptas?
-Acepto, acepto buen hombre.
-Es un trato -estrechó su mano.

El hombre empezó a construir el puente entonando esta canción:

Que pase la vieja
Yo ya la veo pasar
Si pasa primero
Me llevo su alma
Y me rió ja, ja, ja

-¿Qué dices? – preguntó la anciana que descansaba cerca.
-Nada. Lo que pasa es que ya está listo el puente. Pasa, pasa.

Entonces la anciana cogió a su gato y le dijo entre risas; inaugura el puente Michifuz. En ese momento se escuchó decir al hombre: no, el alma del gato nooo.

Así fue como el diablo se llevo el alma del gato.

Dice la gente que desde ese día se acuñó el refrán: Más sabe diablo por viejo que por diablo.



Esta historia fue recopilada por mi alumna Melissa Huamán Saavedra y ha sufrido cambios para ser narrada oralmente con la ayuda de Miguel “Yana” Figueroa y otras transformaciones que se me ocurrieron en este proceso.



En la foto con Melissa quien obtuvo el primer puesto en la categoría cuento recopilado en el IIConcurso de Cuento Montserratino 2009.



sábado, 16 de enero de 2010


EL ANIMAL MÁS BELLO DE TODA LA CREACIÓN

Hace mucho tiempo, cuando Dios creó los animales, el animal más bello de toda la creación era el murciélago. ¿Saben por qué?

Dicen que el murciélago volaba de aquí a allá feliz con la primavera y el verano. Pero, cuando llegó el invierno se moría de frío, observaba que las aves tenían plumas y otros animales tenían pieles para protegerse y él nada. Entonces fue a hablar con Dios.

Subió a una nube y luego a otra hasta que llegó a una nube rosada, bien redondita. Allí estaba Dios.

Al llegar al cielo vio una larga cola y tuvo que esperar un buen rato. Luego lo recibió San Pedro y le dijo: pase.

A los lados un coro de ángeles entonaba bellas melodías. Admirado de lo que observaba llegó hasta Dios que rodeado de una luz muy fuerte le dijo:

-Habla criatura.

El murciélago le habló así:

-Señor, yo viviría feliz en la tierra, si es que no fuera por el invierno. Sufro mucho al ver a las aves con sus plumas y los demás animales con sus pieles; yo no tengo como abrigarme.

Entonces, Dios escribió una nota para las aves, le puso su sello y firma y se dirigió al murciélago:

-He ordenado que todas las aves te regalen una pluma y he puesto mi sello y firma para que así sea.
-Y como me las pegaré –exclamó preocupado el murciélago.
Entonces Dios le quito sus legañas y le dio el poder para que le sirvan de pegamento.

Así fue como el murciélago pidió ave por ave sus plumas.

-Dame tu pluma. Mira Dios así lo manda.
-Mira tengo una orden de Dios, dame tu pluma.
-Tu pluma.
A medida que iba recolectando las plumas, la fue pegando con el pegamento especial y de verdad estaba quedando hermoso. Y todos los días se miraba al espejo y dejo de hacer sus deberes. Sólo se contemplaba y cantaba:

Lero, lero candelero
lero, lero candelón
soy el animal más bello
de todita la creación.

Así iba cantando por todos lados, burlándose de las demás aves y diciéndoles que eran feos.

-Tú eres feo le dijo al búho.
-Que feo eres le dijo al colibrí.
-Feo, feo le dijo al águila.

Entonces, estas aves se reunieron y decidieron hablar con Dios. Subieron nube tras nube hasta llegar a la nube rosadita y redonda.

Los recibió primero San Pedro. Y cuando le contaron lo sucedido a Dios, él escribió una nota citando al murciélago.

Cuando las aves le entregaron el recado él les dijo: La verdad que son bien feos y cantó su canción favorita:

Lero, lero candelero
lero, lero candelón
soy el animal más bello
de todita la creación.

Se miró al espejo y exclamó: ¡Dios me quiere ver, es que soy tan bello!

Y subió, subió hasta llegar al cielo. San Pedro lo recibió y el murciélago ni le hizo caso.

-Sal de mi vista que me espera Dios.

Al llegar cerca al coro de los ángeles los mandó callar y cuando estuvo cerquita a Dios, expresó:

-Aquí está el más bello, mi Dios.

Dios muy molesto soplo y soplo y todas las plumas cayeron del cielo y luego le dijo:

-Por haberte portado mal con las demás aves recibirás tres castigos:

1° Vivirás oculto en las cuevas.
2° Sólo podrás salir de noche a buscar comida y dormirás en el día.
3° Contemplarás al mundo al revés.

Y desde ese día hasta hoy, los murciélagos viven ocultos en cuevas; duermen de día y salen en las noches a buscar alimentos y miran el mundo al revés.


Cuento contado por Marconio (México) en el taller de Cuéntamelo 2007 evento de cuenta cuentos internacional realizado en el Centro Cultural Peruano Británico y que reproduzco según la memoria me lo permite.

martes, 5 de enero de 2010


JASPITA
05-01-10

Había una vez una gatita que nació con muchos colores en su piel, todos le decían fea, fea; ella se alejaba y se ponía triste. Un buen día fue llevada a la ciudad y abandonada en una calle bulliciosa.

¡Qué horrible era la ciudad! Tanto ruido y gente extraña.

-¿Por qué me han dejado aquí? Se preguntaba a sí misma la gatita. De la nada apareció un extraño ser.

-¿No conocías la ciudad? -le interrogó.
- No. Es la primera vez que vengo -respondió ronroneando.
-Pues siempre hay una primera vez. Entonces este nuevo amigo la llevo a lugares tan diferentes a los que había visto: restaurantes, calles malolientes y oscuras. Corrían de algunos señores que los amenazaban, gritos e insultos irrepetibles.

Cuando pararon en un parque la pequeña le dijo:

-No puedes seguir conmigo. Todos te odian.
-Ja, ja, ja rió el animal y agregó: ¿Por qué crees eso?
- No ves que soy fea y nadie me quiere.
Ay, Jaspi te puedo llamar así, ya que eso eres como una paleta de pintor o como el café con leche y canela. Además no se espantan de ti sino de mí. Soy una cucaracha.

domingo, 11 de octubre de 2009


CAMILA Y SU PEQUEÑO AMIGO
María Fajardo Torres
Camila, dulce como algodón de azúcar, inundaba la casa con su alegría y travesuras. Su cerquillo parecía una cortina que casi escondía sus ojos cafés. Con solo siete años, dejaba huellas por donde iba: una mano en la pared, un dibujo con crayola en la cocina, unas rayas con lápiz decoraban los muros de su cuarto.
Una noche en que Camila no tenía sueño, empezó a recorrer su casa. Sintió hambre y fue a la cocina. Abrió un cajón, no encontró lo que quería. Intentó varias veces, finalmente desistió. comenzó a dar saltos para irse a su habitación. De repente, escuchó un ruido, pensó será mi imaginación. Después le pareció oír una vocecita: “ven, acompáñame”. Sintió un frío en todo su cuerpo. Curiosa, se acercó. La voz provenía del jardín.
-¿Quién eres? –dijo asombrada.
-Soy un duende castigado a vivir en este jardín.
-¿Cómo te puedo ayudar? –preguntó Camila con preocupación-.
-Lo único que quiero es tu amistad. Vivo solo y quisiera compañía.
-Bien, entonces, ¡vamos a jugar!
-¿Qué te gustaría hacer?
-Quiero ser una princesa con alas.
-Está bien.
Camila, transformada, empezó a volar.
-No me alcanzas. Vuelo más que una mariposa y que el periquito de mi vecino. ¡Uy! casi me como una mosca.
-Ja, ja, ja. Eres divertida. Me matas de risa –dijo el duende.
-No, no te mates, me gusta tu compañía.
-No temas, no puedo irme. Solo puedo estar aquí en el jardín.
-¿Por qué?
-He recibido un castigo por mis maldades.
-¿Qué pasó? –preguntó la niña.
-Nunca entendí porque nací distinto a los demás duendes. Sufrí mucho. Todos me miraban, se burlaban, a excepción de mis padres que me amaban y mis amigos que me protegían. Pero una tarde fui al arroyo y comprendí todo. Todos eran de color verde y pequeños; yo, gris y podía cambiar de tamaño.
Desde ese día me prometí que nadie se reiría de mí. Y elaboré muchos planes: escondía los frutos de los más pequeños, asustaba a las duendes recién nacidas, engañaba a los mayores. Pero lo que colmo la paciencia de mi pueblo es que una noche me tomé un botellón de licor y me convertí en un ser gigante: destruí las chacras y muchas casas. Me desterraron y aquí estoy. Cumpliendo cien años de condena.
-¿Tanto? –exclamó Camila.
-Sí, pero, ya se hace tarde para ti, te pueden estar buscando, regresa a casa.
Camila se despedía con la mano izquierda y a la par decía: Tengo un nuevo amigo, que vive cerca al higo, vamos a ser hermanos hasta los cien años.
El duende parecía un pequeño hombrecito. Su rostro arrugado como pasa, sus ojos negros, tristes. Unas cejas gruesas le daban un aspecto serio y renegón. Algunas veces, medía alrededor de un metro y otras, el tamaño de un insecto. Vestía un traje gris desteñido. Su chaqueta marrón había perdido todos sus botones y el pantalón ya le quedaba corto.
Cada noche Camila bajaba despacito e iba al jardín. Allí se quedaba conversando, jugando con el duende. Ambos inventaban rimas, canciones:
Cuando abres el corazón
una luz te llena el alma
cuando hallas un amigo
tienes una gran razón
para amar y tener calma.

Si sientes frío o temor
sé fuerte como un león
ten fe, yo estoy contigo
sal pronto de tu prisión
yo te daré mi amor
Después, ella se dirigía a su cuarto, cansada y alegre de ser amiga de este pequeño ser.
El duende lucía como una hormiga cuando estaba triste y enojado; pero grande, juguetón como el mono de un libro que le enseñó su papá al sentirse alegre.
¿Si les cuento a mis amigos me creerán?, No, no el cargoso de Fabio se burlara de mí. No les digo nada.
Al día siguiente debía ir muy temprano al colegio y no demoró en soñar.
Imagino que presentaba a su nuevo amigo a todos sus compañeros; reían, cantaban y en los juegos de carrera se divertían y reparó: me olvidé preguntarle su nombre.
-Hola duende, ¿dónde te escondes?
-Ven, acompáñame.
- Mira esa flor ¿A qué no sabes su nombre?
-Sí, es un geranio.
-Y tú ¿cómo te llamas?
-Mi nombre es Demóstenes
-¿Qué?
-Un famoso orador de la antigüedad se llamaba así. Mi padre lo admiraba.
- ¡Ah!, yo me llamo Camila como mi abuela.
-Me voy amigo. Chau, Demos.
Un día se durmió en el jardín y la encontró su mamá. Se disgustó con ella y desde ese momento vigiló su sueño. La visitaba en su dormitorio y apagaba la luz para que se durmiera. Antes le contaba historias:
“Había una vez un niño que tenía un deseo. Él quería alcanzar las estrellas”.

A pesar de los intentos de Camila transcurrió mucho tiempo, sin poder ver a su nuevo amigo.
¡Cómo lo extrañaba!, ¡Qué noches largas y aburridas!
Demos, Demos, todavía ¿somos amigos? –preguntaba al viento Camila-.
Dime amigo, ¿Tengo cien años de castigo?, ¿no me vas ayudar? –expresaba con emoción Camila-.
Para recordarlo enunciaba la frase:
Tengo un duende amigo, que vive cerca al higo, vamos a ser hermanos hasta los cien años. Luego se dibujaba junto a él y se ponía a llorar.
Hasta que una tarde de otoño, se enteró que sus padres debían asistir a una reunión que duraría muchas horas y se acostó muy temprano. Cuando se sintió segura, salió al jardín. Llamó con insistencia a su amigo. Pero, no le respondía su amigo y cansada Camila se puso a llorar desconsolada.
Cuando volvía a su habitación, de pronto escuchó risas. Abrió más sus ojos como un búho y vio que desde la ventana lo observaba Demóstenes, su amigo y ¡estaba libre!
-¡No puede ser! -exclamó Camila abriendo la boca-.Tú me dijiste que no podías alejarte del jardín.
-Sucede que acabó mi condena. Al conocerte, aprendí a valorar a mis semejantes, a los otros duendes. Al dejar de verte, sufrí mucho. Parecía un loco. Empecé a recordar y a buscar a mi familia y amigos. Les prometí cambiar y lo hice. En ese momento, el castigo desapareció.
-¡Ahora soy libre y me acepto gris como soy! Volví para decirte gracias.
-Yo también te extrañé. Ahora deseo que te vaya bien. Cuídate mucho.
Ambos se despidieron y prometieron encontrarse cada vez que necesitaran compañía.
A partir de cada otoño, en el jardín se escuchaba a Camila entonar una canción:
Cuando abres el corazón
una luz te llena el alma
cuando hallas un amigo
tienes una gran razón
para amar y tener calma.






Homenaje a Julio Ramón Ribeyro