Escribir es una de mis pasiones. Nací en Pueblo
Libre, es un lugar rodeado de parques y de mucha historia, por la pandemia no
podíamos salir y fue muy estresante. Vivo aun allí con mi mamá. La pandemia nos
unió más.
Creo que nadie se esperaba la pandemia ni los
retos que significaba vivir encerrados y con miedo a contagiarnos del COVID-19,
usando mascarillas, sin poder saludarnos y aprender a comunicarnos con los ojos,
cambiando nuestras rutinas personales y sociales.
Soy profesora de Comunicación, me gusta leer y
narrar historias, pero creo que esta situación nos ha dejado tantas huellas que
difícilmente la olvidaremos y podremos de dejar de contar todo lo vivido a las
demás generaciones por mucho tiempo. Nos bombardeaban con noticias y hechos muy
tristes. Sin embargo, también aparecían actos de solidaridad y de ayuda,
incluso de una adolescente que lideraba la organización y distribución de un
comedor popular. Eso me daba fuerza porque mis estudiantes también compartían
sus pérdidas de familiares, su cansancio y que se habían enfermado.
Enseñar a distancia no lo había aprendido en la
universidad y si bien conocía algunas herramientas digitales, usar el WhatsApp
para realizar las sesiones fue un desafío muy grande. Yo no lo usaba y debí
capacitarme, ver tutoriales e ir ganando experiencia. Al mismo tiempo, debíamos
luchar con la ansiedad de los estudiantes y el estrés que nos causaba la
demanda laboral y familiar. Si bien sentimos que las autoridades no nos
apoyaban porque nos demandaban documentos, seguir cursos, fueron la familia y
los amigos mediante mensajes y llamadas que levantaron nuestro ánimo.
Estamos en la segunda ola y queremos seguir
luchando, a pesar de la irresponsabilidad de algunas personas, es necesario
apostar por la vida y encarar los retos con esfuerzo, unión y solidaridad. El
país nos necesita. Es momento de preguntarnos: ¿Qué compromisos asumiremos para
mejorar esta situación?
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