Para ti que te gustan las historias, quieres compartir la experiencia de ingresar a un mundo mágico donde puedes ser también el protagonista, entonces puedes contar conmigo.
Memorias de una gallina
jueves, 28 de enero de 2016
miércoles, 27 de enero de 2016
La sonrisa de Alicia
-Perdí mi virginidad -dijo Dino en tono orgulloso apenas ingreso al aula.
Toda la clase reía sin parar. Y es que Dino había faltado toda la semana y no había escuchado la diferencia entre ser virgen y ser casto.
Desde ese día cada vez que lo veían lo llamaban virgen y la crueldad de sus compañeros no se detuvo allí. Hacían dibujos, lo señalaban con gestos y mencionaban su nombre con malicia.
La anécdota se esparció en todo el colegio y los estudiantes de mayor grado apenas lo veían llegar, murmuraban y los de menor grado lo señalaban.
Dino estaba tan furioso que parecía un huracán sin control. Empezó dando empujones, después puñetes y finalmente buscaba peleas. Del chico sosegado pasó a ser un estudiante explosivo y refunfuñaba a cada rato cuando le decían Dino, la virgen.
Cuando parecía que todo estaba perdido y que no recuperaría el control, un lunes después de vacaciones de mitad de año; una nueva chica de ojos claros, piel sonrosada y de amplia sonrisa apareció en el salón.
Todos quedaron en silencio. Dino alzó la mirada y esta se cruzó con ella.
Se llamaba Alicia y se sentó junto a Dino, este al comienzo simuló indiferencia; pero ella era muy conversadora y sabía tantas cosas que era imposible negarse a hablar con ella. Además, la sonrisa le fue ablandando su mal carácter. Compartían muchas aficiones como dibujar, escuchar música y se volvieron inseparables.
Al principio la huella de las burlas y la mala onda de los chicos lo molestaban e intentaba pelearse, pero Sonia lo calmaba y le pedía que no les hiciera caso. Así poco a poco fue olvidando los malos ratos.
Ahora a Dino se le ocurrían nuevas aventuras para compartir con Alicia, quería armarse de valor , pero no sabía cuándo sería el mejor momento.
El último día de clases fue decisivo, le tomó la mano y le confesó lo que sentía. Al verlos, su felicidad parecía iluminar toda la clase, el colegio e incluso la vida de los demás compañeros.
Toda la clase reía sin parar. Y es que Dino había faltado toda la semana y no había escuchado la diferencia entre ser virgen y ser casto.
Desde ese día cada vez que lo veían lo llamaban virgen y la crueldad de sus compañeros no se detuvo allí. Hacían dibujos, lo señalaban con gestos y mencionaban su nombre con malicia.
La anécdota se esparció en todo el colegio y los estudiantes de mayor grado apenas lo veían llegar, murmuraban y los de menor grado lo señalaban.
Dino estaba tan furioso que parecía un huracán sin control. Empezó dando empujones, después puñetes y finalmente buscaba peleas. Del chico sosegado pasó a ser un estudiante explosivo y refunfuñaba a cada rato cuando le decían Dino, la virgen.
Cuando parecía que todo estaba perdido y que no recuperaría el control, un lunes después de vacaciones de mitad de año; una nueva chica de ojos claros, piel sonrosada y de amplia sonrisa apareció en el salón.
Todos quedaron en silencio. Dino alzó la mirada y esta se cruzó con ella.
Se llamaba Alicia y se sentó junto a Dino, este al comienzo simuló indiferencia; pero ella era muy conversadora y sabía tantas cosas que era imposible negarse a hablar con ella. Además, la sonrisa le fue ablandando su mal carácter. Compartían muchas aficiones como dibujar, escuchar música y se volvieron inseparables.
Al principio la huella de las burlas y la mala onda de los chicos lo molestaban e intentaba pelearse, pero Sonia lo calmaba y le pedía que no les hiciera caso. Así poco a poco fue olvidando los malos ratos.
Ahora a Dino se le ocurrían nuevas aventuras para compartir con Alicia, quería armarse de valor , pero no sabía cuándo sería el mejor momento.
El último día de clases fue decisivo, le tomó la mano y le confesó lo que sentía. Al verlos, su felicidad parecía iluminar toda la clase, el colegio e incluso la vida de los demás compañeros.
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-Aléjate pronto fue lo último que le oí decir. Al abandonar la cafetería, al poco tiempo sentí una explosión. Caí al suelo violentame...